Freelancers

Contraensayos sobre el presente, IV parte

 

Poema Grafologico Carlos Yusti

Poema grafológico: Carlos Yusti

 

“El pasado y el futuro se parecen como dos gotas de agua”

Ibn Jaldún, Discurso sobre la historia universal

 

1. Los freelancers pertenecen a lo que me gusta llamar: la hiperproletarización. Un trabajo sin oficina es igual a que el mismo “trabajador libre” paga infraestructura y servicios (casa, agua, luz, internet), herramientas (su propia computadora y demás equipos).

Hiperproletarización es igual a: mucho más trabajo de lo que nos imaginamos.

No solo es mal pagado (de acuerdo a cualquier cálculo en el que siquiera hay seguridad social), sino que produce hiperplusvalía, puesto que si en un trabajo convencional ya el patrono paga menos de lo que el trabajador produce embolsillándose la mayor parte de dicha producción, pues imaginémonos cómo sube la suma cuando el trabajo freelance se consigue tras una subasta entre cientos y cientos de ofertas a ver quién lo hace por menos en toda la galaxia 2.0.

Tal vez lo único libre que tengan sea el nombre.

 

2. El neoliberalismo logró su anhelado sueño que comenzó en el toyotismo (la familia entera al servicio de la corporación): la ciudad y sus profesionales de la “sociedad del conocimiento” rendidos desde sus propios hogares, cafés, oficinas independientes y hasta bibliotecas.

Cada dispositivo que cargan consigo tiene su actualizador permanente de notificaciones de correos electrónicos del jefe transnacional, la oficina encima las 24 horas, de lunes a lunes.

 

3. Tengo amigos que editan desde centroamérica para diseñar con freelancers de india y así por el estilo. La pregunta existencial del “hacia dónde carajo nos dirigimos” se pierde en el mar económico con la aparición de la moneda electrónica; así de complejo y amplio nos resulta.

Aquello de la acumulación originaria se trasladó a una especie de acumulación tardía, en donde las minas y minerales del tercer mundo son sustituidas por la mano de obra de diseñadores, editores, redactores, periodistas y un largo etcétera de oficios desde las periferias del mundo, una mina a cielo abierto, a código abierto con el espacio digital rompiendo las fronteras de lo explotable.

 

4. Estamos en una aparente Era del vacío, como titularía Gilles Lipovetsky una de sus obras. Las nuevas economías se sostienen, en el caso del capitalismo 2.0, de infraestructuras digitales en donde el patrono ya no posee la maquinaria, los otrora medios de producción se encuentran en un devenir intangible: Facebook es la mayor autopista de tráfico de contenidos y no produce ninguno; Instagram podría ser el mayor acervo fotográfico de la historia y no vende cámaras; Uber es la “vanguardia” del negocio del transporte y no posee ni un vehículo.

Cada uno de estos ejemplos tiene un vínculo/engranaje: el freelancer “consciente” (el que se postula y acepta las ofertas de trabajo a destajo) y el no consciente (el que forma parte del ejército de producción de subjetividad y no recibe pago por ello); hay quienes reciben paga por redactar una receta, hay quienes hacen memes por reproducir el discurso incesante de la imagen, y no reciben paga aún cuando son los más importantes en la cadena de producción del capitalismo 2.0: son los propagandistas, el agit pro neoliberal/digital.

Pasa el tiempo y le damos razón a Lipovetsky, pues estamos presenciando el “abandono de los grandes sistemas de sentido…”, ahora bien, el vacío no implica ausencia o algo que no está lleno; es vacío porque existe una plataforma que lo ve así y procura verlo así aunque no lo esté, puesto que su principal acción incrusta/programa al sujeto/usuario en un espacio determinado, y a partir de tenerlo sujeto procura concebirlo como si se tratase de un significante vacío –para ser llenado con otro significante– ajeno a sus deseos y al entrar en dicha dinámica tiende a reproducir y perpetuar esa actitud, que solo puede ser llenada por el significante 2.0 que no descansa.

Mientras se cocinaba este texto me preguntaba, ¿tendrán consejo de trabajadores los freelancers?, hasta que encontré un par de poemas/manifiesto de Sergio C. Fanjul respondiéndome: “ni patria, ni dios, ni sindicato”.

 

5. Los CAPTCHA de Google tienen otra función además de “proteger” los ataques de inteligencia artificial maliciosa: ayudar a reconocer aquellas imágenes que el algoritmo es incapaz de reconocer por sí mismo; somos fuerza de trabajo para la gran maquila digital.

Mejoramos en cada click (al reconocer carteles, números y automóviles) al mayor ejercicio cartográfico y de ingeniería social conocido, y lo más irónico: no percibimos un céntimo de ganancia.

 

6. Una gran empresa del lenguaje se nos ha impuesto para no reconocer el oscurantismo de ayer que está más cómodo que nunca en el presente, como si fuese el diván en el cual nos recostamos a soltar todos los soliloquios psicoanalíticos cual pacientes de la neurosis likeadora.

Se ha apellidado al salario llamándolo “justo”; en algún momento de la historia llamamos trabajo y trabajador al más vil de los castigos y al más fashion de los cautivos. Capital humano suena mejor que esclavo, definitivamente.

 

7. En medio de la neurosis freelancera, está la incertidumbre y posibilidad de ser sustituidos por el proceso de computarización. En este momento granjas de likes (likefarms) en China y otras periferias maquileras abarrotan cientos de equipos celulares que cumplen la función que muchos hacemos gratuitamente, con la diferencia de ser un ganado digital que produce ingentes cantidades de dinero electrónico.

“Bienvenidos al desierto de lo real”, diría Morfeo.

 

8. “Estamos entrando en una era extraña, el siglo XXI. Pondrá a prueba el alma de maneras inéditas…” diría Susan Sontag en una carta dirigida a Borges diez años después de su muerte, ¿estaría consciente Sontag de que ya estaba hablando en clave posmo, es decir, escribiéndole una carta a un muerto hablando sobre lo extraño de un siglo por conocer?, lo cierto es que estamos corporizando esas “pruebas” inéditas al ser, a través de una aparente “virtualidad” en la forma en que producimos.

 

9. La palabra, el concepto, la concepción y práctica del trabajo sigue sustentándose en su raíz etimológica de castigo. Sobre el trabajo y el repensar la categoría “trabajo”, apenas se sabe. El trabajo del siglo XXI viene a dar al traste aquel mito del llamado desempleo, no existe el desempleo como tal, puesto que al sistema no le conviene el ocio a menos que implique consumo, siempre le buscará labores a alguien, ocuparlo, así sea por la menor cantidad de paga, que es, generalmente, la mejor forma o la más conveniente para el patrono, trasnacional o no.

Estamos presenciando el devenir freelancer del mundo.

 

10. Es así como estas breves cápsulas justifican el pórtico axiomático de Ibn Jaldún. Tal vez el freelancer no es el mismo trabajador del siglo XIX o de cualquier jornalero contando el tiempo hacia atrás; muertas y muertos en la máquina tras quedarse dormidos por las infinitas e inhumanas jornadas, sin embargo, son dos gotas de agua evaporándose de la misma manera en el pasado y el presente, con una paga que nunca sustituirá o se acercará al valor de la energía vital que dejan frente al ordenador los nuevos “trabajadores libres”.

 

 

[DIÉGESIS CONCEPTUAL

0. A lo largo de las anteriores entregas se han establecido ciertos patrones, por un lado el móvil dominante de un selfie world, además de caracterizar la situación del sujeto contemporáneo que corporiza una constante contradicción performática, es decir, estar o no conectado.

Al mismo tiempo se ha diagnosticado generacionalmente el padecimiento de los campos sociales, que son movidos, animados, por la crítica Frankenstein o el Millennial Lapsus, que en un primer lugar se ha desarrollado en el campo cultural/literario, sin embargo, es una metáfora homologable al resto de miembros, manifestaciones, fenómenos, relatos, narrativas, imaginarios y representaciones del Gran Cuerpo Social.

Se sigue contraensayando porque ya no queda tiempo y el ejercicio de postergar el término de la carrera contra el acabose y lo definitivo exige brevedad, cápsulas, relatos grandilocuentes.

Entendiendo lo anterior, se postula: para entender a las sociedades actuales no es posible dejar por fuera la subjetividad freelancer, responsable de aportar su fuerza de trabajo para el movimiento del capitalismo 2.0]

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