Bitácora Constituyente

EspacioTransformandose

“La patria es un taller”, diría Andrés Eloy Blanco

 

 

“Las leyes de la libertad no han sido hechas para escribirlas sino para conquistarlas”

Gustavo Pereira, Rugido de bisagras.

 

0. Los fragmentos a continuación forman parte de un diario/registro personal de XXIII sentencias, discusiones, reflexiones y apuntes realizados a partir de la noticia de la convocatoria Constituyente.

El único “orden” que he previsto es el siguiente: cada cápsula precede a la otra (sin dar cuenta del día u hora de realización).

 

I. Venezuela sigue siendo el gran crisol de la política mundial: han convocado a un proceso nacional constituyente.

 

II. No pensé que me iba a tocar vivir tres repúblicas. Ah mundo.

 

III. Alguien me discute: “la intención de esta convocatoria tiene como propósito la dispersión, el efectismo y la controversia, tiene que ir a debate nacional…”; a lo que respondí: pues, en efecto, una constituyente consiste en eso: ir a un debate nacional.

Con respecto a lo de la “improvisación”, una constitución, no solo de este país sino de cualquiera, es un instrumento político del cual se sirve la clase política y los subordinados a dicha emanación de leyes para hacer política, y por lo tanto, mover, cambiar, afectar el campo político en el cual se desplazan. Francamente no creo que un movimiento en el juego político, democrático, enmarcado en lo que dicta nuestra Carta Magna sea una improvisación, sino el ejercicio de un marco legal de acuerdo a las necesidades que los tiempos demandan, un ejercicio que toma en cuenta a quienes se sirven de dicho marco.

Cambiar las reglas del juego para adaptarlas a las necesidades políticas de los nuevos tiempos no es una casualidad, puesto que si no fuese así, todavía estuviésemos invitando a la gente a batirnos a duelo en alguna plaza.

 

IV. Creo que al discutir sobre la convocatoria constituyente con desconocidos, e incluso con amigos, partimos de supuestos y prejuicios. Por ejemplo, de mí se piensa que defiendo ciegamente y sin sentido crítico el llamado del gobierno.

Creo que en gran medida se debe al difícil carácter de comunicar a personas con diferentes formas de pensar la realidad del país, ideas políticas (¿acaso hay ideas que no lo sean?) en medio de una crisis, es decir, comunicar tanto al consciente y no consciente de la guerra, por lo tanto, todos somos víctimas de la espectacularización y sobre todo la controversia sembrada desde los prejuicios de cada uno, que tiende a no dejarnos ver el potencial democrático del proceso Constituyente más allá de toda postura ideológica.

Si esas personas y yo, en vez de estar aquí alimentando esa vorágine de discursos, participáramos en esos espacios, en los que “la constitución sirve para todo” –como escuché decir con sorna el otro día–, solo así, tal vez, otro gallo cantaría.

 

V. El problema no es la constituyente, el problema es el partido.

 

VI. Yo quiero una Constituyente decolonial, indigenista, antipatriarcal, sexodiversa, sistémica… en fin, del siglo XXI.

 

VII. También me gustaría que la palabra animalista estuviese en la Constituyente.

 

VIII. Me suena algo así como: Ministerio de las Culturas. Y un viceministerio para la descolonización, como en Bolivia. [a propósito de Constituyente y burocracia (¿nueva institucionalidad?)]

 

IX. Me encuentro con un texto de Andrés Eloy Blanco:

“…la constitución de un país debe ser como la cara, como el semblante de su pueblo. El hombre va cambiando y su semblante va cambiando también.

Las naciones, al impulso del progreso, también van cambiando; pero mientras los hombres se van poniendo viejos, las patrias se van poniendo jóvenes.

La constitución la va haciendo el pueblo. La patria es un taller. El pueblo es el alfarero y el carpintero: él hace la constitución, él va haciendo la múcura a la medida de su agua, él va llenándola de agua a la medida de su sed.

Es carpintero el pueblo. Cuando la patria está naciendo, le hace cuna; cuando la patria ha crecido, le hace cama”.

 

X. “500 personas conformarán la Asamblea Nacional Constituyente”, leí en un titular. Aspiro a ser, como dice mi buen amigo Álvaro, el Constituyente 501.

 

XI. Respuesta tras la controversia de aprobar o no, vía elección popular, la Constituyente: ¿a qué juegan confráteres opinólogos?, pedían aprobación popular de la Constituyente, se las dieron y ahora piden cosas nuevas. Ya sabemos que hay contradicciones, sin embargo, empujemos el carro.

Típica actitud rentista, quiero más, más y más. Recordemos que la Venezuela postpetrolera ha llegado (nunca había sido más imperativa la acción).

 

XII. Se inscribieron 52.055 personas en el registro de postulaciones a la Asamblea Nacional Constituyente. El número se dice fácil. Sin embargo, veámoslo más allá de las voces agoreras o de la grandilocuencia y efectismo de los números.

Veamos la potencia cualitativa que hay en él, la potente voz de la democracia y los eventos inéditos.

Las cientos de vidas, los numerosos sujetos que la componen y su diversidad extraordinaria.

Que la crisis que vivimos y nuestra acostumbrada mezquindad no nos impida ver que este evento parte en dos la historia de la democracia occidental.

Es por este tipo de cosas que nuestra tierra es codiciada, más allá de su evidente riqueza en recursos… es que somos peligrosos, esta tierra, nuestra tierra, precisa ser destruida por el 1%.

¿Por qué es preciso destruirnos?, cada acto que hacemos muestra lo que oculta el sistema de dominación, y ya sabemos qué significa ver a otro poder realizarse usando el conocimiento y la información, la política como tecnología para la transformación en manos de la gente, recordándole al mundo su potencial emancipatorio adormecido por el mercado y la guerra.

 

XIII. Hay gente de izquierda que no apoya la Constituyente por “respeto a la institucionalidad”: me causa demasiada desconfianza la izquierda que respeta las instituciones.

Toda revolución es ilegítima. Si la queja es la cúpula, o el partido o lo que sea que se identifique como antidemocrático porque detenta el poder y pone las reglas, implica un sector descontento que no está lo suficientemente organizado para disputar políticamente con quiénes detractan, que es básicamente el accionar de la derecha, tan vacía que ahora su “principal lideresa y oxigenante” es una chavista.

Es preferible caernos a piña con un directorio lleno de contradicciones que con un malo por conocer. En el devenir de la construcción de lo nuevo serán inevitable las oleadas reformistas, diría Simone Weil.

No vamos a descolonizarnos en menos de 20 años de ejercicio político saboteado desde adentro y desde afuera.

 

XIV. La nueva institucionalidad ya existe y no está en el Estado, basta caminar el territorio, conocer el país profundo. Por otro lado, no sé de donde saca la gente eso de “anarquista” cuando hablo de violentar la institucionalidad burguesa; por si acaso, no me considero anarquista, eso no nos sirve ni en contexto territorial, ni cultural, ni histórico ni nada, ni la izquierda nos sirve. El chavismo, sí.

 

XV. “¿Qué nos pasó?”, dicen algunos; leo en algún lugar: “cultivar e incentivar más conciencia para no perdernos en este tiempo de crisis”; pienso: esas palabras nos siguen diciendo por dónde NO es la cosa, es decir, ¿realmente el asunto es seguir viendo la política desde esa visión foránea de ingeniería social, como si la gente fuese ratoncitos de laboratorio, con todo el respeto que se merecen los ratoncitos?, ¿realmente se puede cultivar algo como la conciencia?

Yo no creo que estemos en un tiempo de crisis, más bien creo que siempre hemos estado en crisis, bueno, no siempre, al menos desde la llegada del invasor europeo. “¿Qué hacer?”, vuelvo a leer; pues como dijo Bolívar a través del Gabo: ¡qué nos dejen tranquilos hacer nuestra edad media!

 

XVI. ¿Qué hacer con las contradicciones del directorio y con los revolucionarios puros? Hay que ponérselas sencillito: se trata de que en la institucionalidad esté quien jode menos y en este caso es lo que tenemos ahora. Lamentablemente la revolución ideal no existe y los revolucionarios puros tampoco. Nos toca –en un ejercicio multifactorial– mantener el poder institucional por un lado y por el otro pujar por ejercicios de autonomía. Y sobre todo, no ser tan duros con nosotros, ni tan mezquinos con el tiempo y la historia (y lo que hemos logrado como pueblo). Recordemos a Roque Dalton:

 

No busques otro camino, loco,

cuando ha pasado la época heroica en un país que hizo su

revolución,

la conducta revolucionaria

está cerca de este lindo cinismo

de bases tan exquisitas:

palabras, palabras, palabras.

Excluida toda posibilidad de terminar con las manos callosas,

claro está,

o el corazón calloso, o el cerebro.

 

XVII. Izquierda NO, Chavismo SÍ (¿quién echa la partida para atrás?), dice Enrique Dussel que la izquierda todavía es muy moderna, eurocéntrica… cree en el mito de las instituciones burguesas… que los movimientos progresistas –para bien o para mal– crean espacios creativos y dan margen de maniobra a la gente, las individualidades, los movimientos sociales, los campesinos, los movimientos culturales, de sexodiversidad y género, y toda esa larga y extraordinaria diversidad, la izquierda pues, en nuestro caso: el Chavismo.

 

XVIII. Una Constituyente inédita para una sociedad inédita.

 

XIX. ¿El corolario de desacuerdos con el directorio los subordino a la coyuntura?, no, están a un lado para reactivarlos programáticamente, es decir, en un proceso organizativo, porque no se puede obligar a la realidad a que responda a los deseos, sino a las voluntades colectivas.

 

XX. Para seguir con la crítica y los críticos de la institucionalidad. Creo que ha sido, es y será un problema de organización de las bases populares en todos sus sectores (¿Qué ya estamos organizados? Siempre faltará más).

Un ejemplo. El Estado tal y como lo conocemos es susceptible, gracias a la hechura jurídica de la 5ta República, al menos en la teoría, a ser dinamitado a través de las leyes del Poder Popular y los procesos de transferencia (de los poderes y atribuciones del Estado y sus instituciones) al Poder Popular.

Si no llegásemos a realizar dicho escenario, así como el Constituyente, no podremos decir que no tuvimos la oportunidad, ¿o sí?.

 

XXI. Unas palabras de Hugo Chávez sobre el Poder Constituyente: “No, el Poder Constituyente no puede congelarse, no puede ser congelado por el poder constituido […] Algunos autores hablan del carácter terrible del Poder Constituyente. Yo creo que es terrible el Poder Constituyente, pero así lo necesitamos, terrible, complejo, rebelde. No debe someterse el Poder Constituyente […] el Poder Constituyente es y debe ser, compatriotas, potencia permanente, potencia transformadora, inyección revolucionaria para reactivar, muy de cuando en cuando, nuestro proceso bolivariano”.

 

XXII. Leí en un titular la impresión de una extranjera sobre nosotros: “Los venezolanos están comprometidos con la revolución porque es defender Suramérica”,.

 

XXIII. Es bueno insistir: la lucha ya no es porque tengamos recursos a más no poder, es que el rebelde embochincha el patio, insisto, no es la única razón o anhelo del enemigo controlar nuestro territorio y sus riquezas o ese gran bono generacional del Sur Global (muchas manos jóvenes para mano de obra barata transnacional), es que los gobiernos progresistas –con todo y sus contradicciones– develan el sistema de dominación.

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